La representante a la Cámara María José Pizarro, radicó al Concejo de Bogotá un documento crítico sobre el Plan de Ordenamiento Territorial POT con propuestas de modificación al articulado de este instrumento, con el que se esperaría poner frente a problemas trascendentales de la ciudad como el de emergencia climática, la ampliación de la estructura ecológica principal, la segregación socioespacial, la movilidad, la infraestructura social entre otros.

Allí expone en tres puntos observaciones, consideraciones y propuestas sobre los ejes de participación, descentralización y estructura administrativa, modelo de ocupación de la ciudad y ambiente. Las mayores preocupaciones y propuestas que plantea están relacionadas con:

1. La baja participación ciudadana en la construcción del POT: No se formuló una estrategia integral de deliberación pública, territorializada y pedagógica, en la cual se fijaran criterios claros de incidencia, y bajo qué parámetros se integrarían las propuestas y aportes ciudadanos a su articulado. En su lugar, hubo una  “campaña informativa y de socialización de los asuntos generales de la actualización del POT de Bogotá formulado por la administración, desarticulada a la necesaria discusión pública sobre las nuevas 32 Unidades de Planeación Local -UPL, que propone.

2. Sobre estructura administrativa y descentralización: La administración, apoyándose en los estudios para la regulación de usos del suelo y la aplicación de las normas urbanas,  propone pasar de las actuales 20 localidades a 33 Unidades de Planeación Local. El POT no tiene tal competencia, incluso apoyándose en la reciente reforma al Decreto Ley 1421 de 1993. Este como instrumento de planeación urbana no tiene el alcance para establecer las cargas en materias de funciones y competencias administrativas entre los sectores central, descentralizado y local. 

3. Modelo de ocupación de la ciudad: A partir de establecer elevados índices de construcción, se preferencia la renovación urbana desde una visión “hiperdensa” y super “compacta». Además, el plan vial propuesto impacta los humedales Torca y Guaymaral, Tibabuyes, Capellanía, El Burro y Techo; y la posible Línea 2 de Metro, pasa  sobre el humedal de Tibabuyes. Es decir, el concepto de “Estructura Ecológica Principal”, eje articulador del ordenamiento territorial de Bogotá, no concuerda con las estrategias de intervención urbana y urbanística que allí se plantean. 

No hay claridades sobre lo que pasará con el valle aluvial del río Bogotá, los procesos de renaturalización de las quebradas, las área protectora de la ronda del río Tunjuelo, la reserva Thomas Van Der Hammen y la vital conectividad ecológica Cerros Orientales / Río Bogotá. Tampoco fija una política clara de arbolado para la ciudad.

A continuación podrá encontrar el documento completo, que tiene como propósito enriquecer el debate sobre el modelo de ciudad, tanto en el Concejo de Bogotá como con la ciudadanía. 

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